
Esta última vez me llevé una sorpresa muy agradable. En una estantería desordenada hallé una novela por la que me he interesado en repetidas ocasiones durante muchos años, pero no sé por qué nunca me dio por buscar a fondo. Se trata de “First blood”, de David Morrell.
Los más espabilados ya habrán caído en la cuenta de que se trata de la novela original en la que se basa una de las mejores películas de los ochenta, protagonizada por el cachas, en auge por aquel entonces, Sylvester Stallone: “Acorralado”.

A los que, como yo, comenten el error de juzgar el libro por su portada, les diré que si tienen prejuicios ante este actor, deben saber que es un tipo luchador que ha escrito grandes guiones. Principalmente el del perfecto antihéroe perdedor que era aquel boxeador apodado “Rocky”. Cuyo guión se estudia en las más prestigiosas escuelas de cine por cumplir el paradigma a la perfección. Además, siempre lo he preferido ante la eterna lucha Stallone- Schwarzenegger, al menos Sly no firma sentencias de muerte entre puro y puro. Pero me estoy desviando del tema, y si David Morrell estuviese aquí diría “aquí estamos para hablar de mi libro”.
Para todos aquellos que hayan visto el film “Acorralado”- quien no lo haya hecho insisto en que se pierde una gran película- decirle que aleje de su memoria todo resquicio de la adaptación cinematográfica a la hora de abordar la novela. Aunque esto no sea posible del todo debido a que la adaptación a la pantalla es muy fiel a su obra homónima, pero sólo en algunos pasajes, como puede ser el comienzo y el desarrollo de la historia a grandes rasgos. A medida que avanza la trama, empezamos a ver ciertas diferencias que se van acentuando, sin abandonar una línea muy paralela al original.

No quiero comparar, ni polemizar, entre si el libro es mejor que la película, -es más, su adaptación a la gran pantalla me parece una de las mejores que se han realizado de una obra literaria-, pero sí es cierto que la profundidad que se le da a los personajes en la novela no se le llega a aplicar en la película por razones obvias. En especial con el jefe de policía Teasle, del que terminamos sabiendo más que del propio Rambo, haciéndonos caer que es tan, o más, protagonista que el propio acorralado. Es la perfecta némesis de nuestro héroe; definidas a la perfección ambas caras de la misma moneda; donde el uno no podría existir sin el otro; creando en la historia tal simbiosis que queda patente que ambos son el mismo, pero no yin y yang ni blanco y negro, sino perfectos imperfectos, cada cual a su manera. A pesar de ser conscientes de que sus acciones los conducirán a un fin trágico y común, no pueden redimirse antes de que este se desencadene.

David Morrell, más conocido por su libro-cómic sobre el capitán América, escribió “First blood” en 1972, reflejando en ella la incomprensión y humillación que sufrieron los veteranos de la guerra de Vietnam que regresaban a casa abatidos por el dolor y las atrocidades a las que se vieron sometidos en aquella incomprensible, como absurda, lucha. Que sólo encontraron reproches y hostilidad como pago a sus servicios por la patria. Jóvenes que se encontraron más desubicados en el país por el que lucharon que en la propia jungla de Vietnam. Todo ello sin ser partidista, ni utilizar todo ese trasfondo como excusa. Sólo se remite a los hechos objetivos, y de como uno de esos chicos pudo llegar a reaccionar de ese modo a esa ingratitud debido a las cicatrices sufridas. Cicatrices tanto físicas como psicológicas, donde el autor nos relata como se producían en forma de breve flashbacks; datos tan necesarios de narrar para que lleguemos a comprender mejor a nuestro personaje.
